miércoles, 18 de enero de 2012

VI. Confesión

Abro las nubes y veo el color de su cielo.
Es usted tan perfecta como las estrellas que habitan en él.
La suevidad de su piel
y la perfecta simetría de sus labios
hacen ver la realidad como un sueño.

¡Oh, mi Diosa!
¡Te aclama la belleza, celosa de tí!

Quiero que alguien como usted
se quede a mi lado para siempre.
Sería tan cruel el mundo
si usted no existe.

Hoy le otorgo cada pétalo de mis latidos.
Pongo en sus manos mi vida
y a su disposición,
mi muerte.

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