Me adormecí en el río
que lleva a tus ojos,
tan brillantes como el sol
y tan tristes como la luna.
Amaneceres vi nacer
en tu sonrisa y vi
también espesas nostalgias
como la madre cual
hijo perdido, se espanta.
He caído contigo
para que no caigas sola,
he vivido lo que no
debería haber vivido.
Y qué renconfortante se siente
mi corazón al saber que
el tuyo no late solo,
pues es contigo que
mi vida entona sus ritmos.
Anocheceres en tus manos,
tiemblan.
Inviernos por tus espaldas,
el pasado resguarda.
Me encanta ser el cazador
de todas tus penas
para con su piel poder hacer
de tus amargas vigilias,
las noches más serenas.
Pues me encanta que
tus enrrulados cabellos
se adornen de rosas
y jazmines.
Que sepas que no viajo
por tu cuerpo sólo en la cama,
sino que limpio cada rincón
de tu alma con los besos
que tengo como arma.
Sólo Quiero que Leas mi Respiración...
Emmanuel Le Blanc
sábado, 25 de mayo de 2013
viernes, 17 de mayo de 2013
XXI. Soñar
Podré soñar noches enteras
mientras la luna, como madre,
mengua para acunar mis tristezas.
Podré soñar con cosas nuevas, conmigo mismo y
tendré sueños en otros sueños.
Podré moverme como río,
por cada pasaje de mi humana intimidad,
pero nunca habrá un mar
donde recaer, dormir y soñar un poco más.
Me será en vano
soñar con tu ronrisa,
recordar cada minuto perdido
por un segundo más de felicidad.
Qué linda que eras con tu ronrisa.
Y qué triste que no te importe la mía.
Podré soñar noches enteras
y algo más,
pero nada será como recordar, soñando
el consuelo que me daba tu sonrisa.
sábado, 19 de mayo de 2012
XX. Alas y una sola Ala de Soledad
Has levantado tus alas
y has volado hacia otro lugar;
yo, con mi pechito colorado,
te veo partir:
un solo suspiro y me desinflo.
Siempre he tenido el miedo
de ver tus plumas rondar en otro nido,
de verte alcanzar nuevos horizontes,
acompañada, de un aleteo más ágil.
Yo sé, que debo agachar la cabeza,
que mi vuelo no fue el más indicado
y que hoy, mi nido, está vacío.
Y he aprendido,
que los ojos nunca miran
hacia una sola dirección
y, en donde pocos haya,
ojos seguros,
siempre existirá,
una mirada perpetua.
y has volado hacia otro lugar;
yo, con mi pechito colorado,
te veo partir:
un solo suspiro y me desinflo.
Siempre he tenido el miedo
de ver tus plumas rondar en otro nido,
de verte alcanzar nuevos horizontes,
acompañada, de un aleteo más ágil.
Yo sé, que debo agachar la cabeza,
que mi vuelo no fue el más indicado
y que hoy, mi nido, está vacío.
Y he aprendido,
que los ojos nunca miran
hacia una sola dirección
y, en donde pocos haya,
ojos seguros,
siempre existirá,
una mirada perpetua.
viernes, 18 de mayo de 2012
XIX. Premier Passage / Primer Paso
Dans la nuit, je t'aime, Por la noche, yo te amo,
dans le jour, je pense a te en el día, yo te pienso
parce que durant la nuit, porque durante la noche,
seul dans mes rêves, sólo en mis sueños,
je peut aimer te. yo te puedo amar.
dans le jour, je pense a te en el día, yo te pienso
parce que durant la nuit, porque durante la noche,
seul dans mes rêves, sólo en mis sueños,
je peut aimer te. yo te puedo amar.
sábado, 12 de mayo de 2012
XVIII. Ser un Desierto
He nacido como un granito de arena
y me he convertido en un desierto:
siempre las mismas dunas,
los mismos espejismos y la noche.
Siempre he soñado
con ser una playa
pero debo conformarme
con ser un sahara, quizás,
el más terrible de mis inviernos.
Siempre seré yo,
un desierto, al menos,
que me decida por llover.
Tal vez, no ahogue
un millar de granitos
ni llegue a ser una playa,
pero habrá barro:
y me he convertido en un desierto:
siempre las mismas dunas,
los mismos espejismos y la noche.
Siempre he soñado
con ser una playa
pero debo conformarme
con ser un sahara, quizás,
el más terrible de mis inviernos.
Siempre seré yo,
un desierto, al menos,
que me decida por llover.
Tal vez, no ahogue
un millar de granitos
ni llegue a ser una playa,
pero habrá barro:
un leve fantasma de mi pasado.
sábado, 21 de abril de 2012
XVII. Retrato de lo Efímero
I.
Me gusta oler, todavía,
los cabellos que quedaron sobre mi cama;
aquellas finas hebras doradas
que todavía flotan sobre mi almohada
exentas de tu perfume y de tu sabor.
Me he dado cuenta, que el amor vuela,
como las mariposas, las aves;
que en las primaveras de un corazón
el fuego lo envuelve, lo florece
y llegado el frío, la sordidez,
la crueldad de nuestra naturaleza,
como una golondrina encantadora,
migra hacia otro corazón,
hacia otra primavera,
buscando el refugio en los rayos del sol,
adormeciendoce en nuevos aromas,
encontrando nuevamente la paz.
II.
Simplemente mi colchón,
no debería recordarme de que estuviste aquí;
ambos sabemos que ni tu, ni yo, nos amamos
pero sí nos amamos una vez o una noche
o tal vez dos o, quizás, más de tres.
Cuentan que un loco y sabio señor
liberó a sus bellas palomas,
sus amigas de toda la juventud y sabiduría,
que en un solo aletear cobraron su libertad
y las nubes se abrieron para abrazarlas
con las caricias que el viento le regala;
en un solo suspiro, al anciano se le fue la vida.
III.
¡Yo, hoy te libero!
¡Yo, hoy me libero de ti!
¡He de saber que tu no eres el cielo
y he de saber que yo no soy parte de las nubes!
Y una vez más me despido de tí,
y una vez más me despido sin un beso ni un abrazo.
Una vez más me despido de ti,
como si nunca te hubiera conocido.
Me gusta oler, todavía,
los cabellos que quedaron sobre mi cama;
aquellas finas hebras doradas
que todavía flotan sobre mi almohada
exentas de tu perfume y de tu sabor.
Me he dado cuenta, que el amor vuela,
como las mariposas, las aves;
que en las primaveras de un corazón
el fuego lo envuelve, lo florece
y llegado el frío, la sordidez,
la crueldad de nuestra naturaleza,
como una golondrina encantadora,
migra hacia otro corazón,
hacia otra primavera,
buscando el refugio en los rayos del sol,
adormeciendoce en nuevos aromas,
encontrando nuevamente la paz.
II.
Simplemente mi colchón,
no debería recordarme de que estuviste aquí;
ambos sabemos que ni tu, ni yo, nos amamos
pero sí nos amamos una vez o una noche
o tal vez dos o, quizás, más de tres.
Cuentan que un loco y sabio señor
liberó a sus bellas palomas,
sus amigas de toda la juventud y sabiduría,
que en un solo aletear cobraron su libertad
y las nubes se abrieron para abrazarlas
con las caricias que el viento le regala;
en un solo suspiro, al anciano se le fue la vida.
III.
¡Yo, hoy te libero!
¡Yo, hoy me libero de ti!
¡He de saber que tu no eres el cielo
y he de saber que yo no soy parte de las nubes!
Y una vez más me despido de tí,
y una vez más me despido sin un beso ni un abrazo.
Una vez más me despido de ti,
como si nunca te hubiera conocido.
miércoles, 11 de abril de 2012
XVI. Ironía y Paradoja
Que triste es ver que las estrellas se apaguen;
tan jóvenes desvanecerse por el cielo.
Que triste y tan desgraciada es la vida,
que mendiga consuelo
para luego utilizarlo en contra de uno.
Aquí, mis lágrimas cobran conciencia
de que han sido creadas
para reflejar el sufrimiento de las criaturas.
He aquí, la vida, que sólo juega con ella misma,
predisponiendo la muerte
para luego batallarnos en un campo de dolores.
He aquí, la misma mierda de todos los días:
un "hola", un "chau" y, tal vez, mañana,
un "para siempre".
El amor se desespera,
busca un alma que la proteja;
tiene tanto miedo que muchas veces es ciega
otras, inteligente o poco arriesgada.
Se mueve por un espejismo de colores
pero naufraga en un mar de angustiosos calambres.
Y he aquí, lo triste de la vida.
El amor y la enfermedad es la odisea del ser humano.
Muchos mueren, otros sobreviven,
y los que sobreviven sólo se amargan hasta morir.
Y he aquí, lo irónico
y una de las tantas paradojas de la vida:
Cuando buscas morir, la vida te reclama,
y una vez, que aceptas vivir,
quien te reclama, mil veces, es la muerte.
tan jóvenes desvanecerse por el cielo.
Que triste y tan desgraciada es la vida,
que mendiga consuelo
para luego utilizarlo en contra de uno.
Aquí, mis lágrimas cobran conciencia
de que han sido creadas
para reflejar el sufrimiento de las criaturas.
He aquí, la vida, que sólo juega con ella misma,
predisponiendo la muerte
para luego batallarnos en un campo de dolores.
He aquí, la misma mierda de todos los días:
un "hola", un "chau" y, tal vez, mañana,
un "para siempre".
El amor se desespera,
busca un alma que la proteja;
tiene tanto miedo que muchas veces es ciega
otras, inteligente o poco arriesgada.
Se mueve por un espejismo de colores
pero naufraga en un mar de angustiosos calambres.
Y he aquí, lo triste de la vida.
El amor y la enfermedad es la odisea del ser humano.
Muchos mueren, otros sobreviven,
y los que sobreviven sólo se amargan hasta morir.
Y he aquí, lo irónico
y una de las tantas paradojas de la vida:
Cuando buscas morir, la vida te reclama,
y una vez, que aceptas vivir,
quien te reclama, mil veces, es la muerte.
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