sábado, 25 de mayo de 2013

XXII. Leve consuelo de Amor

Me adormecí en el río
que lleva a tus ojos,
tan brillantes como el sol
y tan tristes como la luna.

Amaneceres vi nacer
en tu sonrisa y vi
también espesas nostalgias
como la madre cual
hijo perdido, se espanta.

He caído contigo
para que no caigas sola,
he vivido lo que no
debería haber vivido.

Y qué renconfortante se siente
mi corazón al saber que
el tuyo no late solo,
pues es contigo que
mi vida entona sus ritmos.

Anocheceres en tus manos,
tiemblan.
Inviernos por tus espaldas,
el pasado resguarda.

Me encanta ser el cazador
de todas tus penas
para con su piel poder hacer
de tus amargas vigilias,
las noches más serenas.

Pues me encanta que
tus enrrulados cabellos
se adornen de rosas
y jazmines.

Que sepas que no viajo
por tu cuerpo sólo en la cama,
sino que limpio cada rincón
de tu alma con los besos
que tengo como arma.

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