Que triste es ver que las estrellas se apaguen;
tan jóvenes desvanecerse por el cielo.
Que triste y tan desgraciada es la vida,
que mendiga consuelo
para luego utilizarlo en contra de uno.
Aquí, mis lágrimas cobran conciencia
de que han sido creadas
para reflejar el sufrimiento de las criaturas.
He aquí, la vida, que sólo juega con ella misma,
predisponiendo la muerte
para luego batallarnos en un campo de dolores.
He aquí, la misma mierda de todos los días:
un "hola", un "chau" y, tal vez, mañana,
un "para siempre".
El amor se desespera,
busca un alma que la proteja;
tiene tanto miedo que muchas veces es ciega
otras, inteligente o poco arriesgada.
Se mueve por un espejismo de colores
pero naufraga en un mar de angustiosos calambres.
Y he aquí, lo triste de la vida.
El amor y la enfermedad es la odisea del ser humano.
Muchos mueren, otros sobreviven,
y los que sobreviven sólo se amargan hasta morir.
Y he aquí, lo irónico
y una de las tantas paradojas de la vida:
Cuando buscas morir, la vida te reclama,
y una vez, que aceptas vivir,
quien te reclama, mil veces, es la muerte.
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